lunes, 1 de febrero de 2016

JOSÉ TADEO TÁPANES ZERQUERA, LA CARNE DE LO ETERNO, SONETOS...

En el presente conjunto de sonetos escritos por José Tadeo Tápanes Zerquera encontrará el lector el impacto de la legítima poesía. Captará, apenas haya consumido algunas de las piezas aquí reunidas, la velocidad y temperatura del lenguaje lírico genuino: sentirá cómo van las palabras avanzando portentosamente en la corriente silábica hasta que al término de las estructuras redondean su curso representativo y ofrecen imágenes de una brillantísima destreza, en las que parece que el lector entra directamente en el mundo interior del que habla. José Tadeo Tápanes Zerquera con este magistral catauro de sonetos sitúa para siempre, y a buena altura, en la fusión adecuada de lo culto y lo popular, su anillo de oro personal dentro del arca dinámica de la poesía cubana.

Roberto Manzano


LA CARNE DE LO ETERNO

José Tadeo Tápanes Zerquera


Selección y prólogo
Roberto Manzano
AVISO A LOS AMANTES DE LA POESÍA





He aquí un poeta, al que basta con leerlo para saber que lo es: no tiene otra credencial que estos cien sonetos que aparecen de pronto en la escena lírica nacional. Pero para los amantes de la buena poesía basta. 
No viene después de haberse agenciado un lugarcillo en la vida artística capitalina, ni de haber compadreado en alguna logia oficial o alternativa. Sencillamente ha escrito, como un poseso, cautivo de una grave torrentera.
Sabe que la poesía urge que se aguce el oído, en dos sentidos al menos: primero para oír bien a la sirena, mientras uno se agarra del mástil; y de inmediato para dejar que vibre el tímpano ancestral, con su cadencia insigne.
Y sobre todo la llamada del soneto, que no es ese garabateo arbitrario de deconstrucción francesa o teatralidad neoyorquina. Nada menos que el álgebra italiana del soneto, donde aún se conservan juntos el ritmo y la melodía.
La actual manera de concebir ha perdido la melodía, y sólo compone con golpeteo boxístico; por eso una sinfonía de sonetos de tal índole, con tanta orquestación discursiva, con esta sobrada fluidez de lo oceánico, es un genuino acontecimiento.
Estos sonetos se imponen al oído del que mira, asaltan la vista del que oye, esculpen en el aire los sonidos con hebras de mármol, suceden dehiscentes como semillas de salvadera, resuenan como los élitros de un alucinado en el amor.   
Da alegría contemplarlos después de haberlos escuchado con la vista, pues ofrecen esa visualidad sonante del zarcillo bien ovillado en la verja, de la filigrana del forjador que borda en la fragua del oxígeno su admirable soplo sólido.
Y es un puro deleite estético seguir la crepitación sintáctica de la idea, el trenzado ideológico con que se mancuerna la res bravía del pensamiento cuando va oracionalmente diciendo lo que dice dentro de una pauta tan poliédrica.
Así que avisamos ahora mismo a los amantes de la poesía que acaba de nacer un libro de sonetos cantándole al amor que no es cualquier libro, pues acopia muchas ganancias artísticas en un solo catauro de autenticidad y sueño.
Está labrado cultamente, pero tiene una gracia espontánea, una sal repentina, que sólo es posible encontrar en la veta más exquisita de lo popular, y se encaracola o distiende como un animal respirante, de una metabólica y sinérgica conducta.
No demoro más la fiesta, que el lector debe entrar ya en este acontecimiento de la escritura lírica, y debe paladear en silencio cada una de las piezas presentes como quien encuentra una alianza de oro dentro de un súbito nidal desconocido.

Roberto Manzano

El Canal, julio de 2015





MIS VERSOS




Mis versos ejecutan el oficio
de espejo o manantial donde mi miedo
se lanza como un toro en pos del ruedo
sin saber que le espera el sacrificio.

Mis versos, esos locos que dan juicio
y nombre a mi locura y a mi credo,
me empujan cada vez que retrocedo
ante el juez que me impone su ejercicio.

Son la parte de mí que tiende al todo,
son voces silenciosas de un conjuro
que evocan de mi vida lo más puro

mendigando en el aire su acomodo,
y viendo que a la muerte me apresuro
procuran impedirlo de algún modo.


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VALS SOBRE LAS OLAS




Las olas junto al mar, de mi tristeza
se apiadan, y a la vez, con su bramido
me cantan como a un barco que se ha hundido
un himno que hace bien a mi cabeza.

De amores sin la mínima certeza
mis manos en la arena fundan nido
y cavan barricadas al olvido
allí donde a encallar la mente empieza.

El sol por zambullirse dobla el paso
detrás del horizonte cual bautista
que impone el protocolo del ocaso.

La tarde dice adiós, o hasta la vista,
y yo le digo adiós, y ante el fracaso,
la noche me hace suya y me conquista.


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EN MI ORILLA




Algo de lejos recaló en mi orilla,
algo desconcertante y misterioso,
ni sutil ni brillante ni ingenioso,
para nada la octava maravilla.

Algo tierno con forma de semilla
que vino a perturbarme en mi reposo
cuando el mar con estrépito furioso
avanzó en mis entrañas media milla.

Algo dispuesto, en ilusión y sueño,
a dejar en mi arena dulce huella,
algo de Dios, por inventarle un dueño.

Y como todo lo que en mí se estrella
espacio le he buscado en el empeño
de encontrar yo también mi espacio en ella.


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MAL TIEMPO




Es tiempo de morir y está lloviendo.
Yo estoy en soledad, mi casa sola
se siente, aunque la noche la controla
ante este chaparrón que está cayendo.

La lluvia en el tejado va tejiendo
con el agua incesante que se inmola
una suerte de extraña carambola
seguida de una luz y un raro estruendo.

El cielo en mi tejado dobla el llanto
en líquido tropel, en tropelía,
y en mí se ha guarecido el desencanto

haciendo que mi historia, ya sombría,
se cierre por mal tiempo a cal y canto
cuando todo en mi vida fue sequía.


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LA MUERTE Y EL AMOR




La muerte y el amor, quién lo diría,
se encuentran en un punto misterioso
sin tiempo y sin espacio, y ya en reposo
alcanzan abrazados la armonía.

Curiosa dualidad por la entropía
marcada, sobre el lecho o bajo el foso,
a veces el morir es algo hermoso
si morimos de amor a sangre fría.

Un amor muerto en vida y enterrado
y amarillas sus cartas, y sus flores
marchitas junto al mármol del pasado,

pudiera renacer aunque lo ignores,
y aquel que de la muerte se ha salvado
te puede asesinar de mil amores.


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DE NUEVO ESA CANCIÓN




De nuevo esa canción impertinente
aviva mis recuerdos, y al oído
a Dios, mi confesión, por aludido,
le canto con la voz de un penitente.

De nuevo esa tortura, ese torrente
de acordes y de versos, construido
tan sólo para dar con su sonido
un grito de ansiedad sobre mi mente.

El hilo musical es mi derrota.
Silencio, por favor, pido a la gente,
con la mano en la cruz y la fe rota.

Silencio, por favor, que venga urgente
un golpe de silencio a mi presente
que borre esta esperanza nota a nota.


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LA LUZ SERÁS




La luz serás que alumbre a los poetas,
tu voz celeste al irradiar sus cantos
hará a la procesión de mis quebrantos
saltar junto a mis lágrimas secretas.

Tu olor a puro incienso y a violetas
junto al efluvio de mis lirios santos
ya riegan por los aires sus encantos
abriendo el tercer ojo a los profetas.

Y tú preguntarás por qué ando ciego,
por qué, cual cancerbero lazarillo,
del sur de la esperanza al norte llego.

Por qué tanta premura en darle brillo
al pacto que se esconde en el anillo
que nunca me entregaste ni te entrego.


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LO DICEN




Lo dice el más común de los sentidos
sumando un nuevo sueño a su estatura,
lo dice el cornetín de la ternura
en solos de silencio sostenidos.

Lo dicen los planetas escondidos
girando alrededor de tu cintura,
el trígono, el sextil, la cuadratura,
los barcos que en el cielo están hundidos.

Los ángeles salvados, los caídos
desde el fondo del mar hasta tu altura,
lo dicen los recuerdos, los olvidos,

las mañanas de luz, la noche oscura
lo dicen aunque tercos tus oídos
impongan su derecho a la censura.


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ASESINARME




Amor quiere sacarme de su historia.
Asesinarme quiere, porque duro
resulta ver mi rostro en su futuro
y en la materia gris de su memoria.

Amor busca su pírrica victoria
poniéndome de espaldas contra el muro
de sus lamentaciones, y en lo oscuro
dispara su locura transitoria.

Pero en vez de morir, mi cuerpo crece,
y terca me combate y se violenta
al ver que su arsenal me fortalece.

La rabia la ha cegado, se lamenta,
y cuando de cansancio desfallece,
me mata sin saber, sin darse cuenta.


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ROSALES




Esa mano imprudente que se obstina
en librar a la flor del manto frío
y ciega en su amoroso desvarío
no sabe, no sospecha, no imagina.

Esos dedos de piel rosada y fina,
sus yemas en las islas del rocío
evitan el dolor y el extravío
saltándose el peligro mina a mina.

La vida es como un tallo largo, impío,
comienza en algo hermoso y se termina
poblando de raíces lo sombrío.

Al joven la belleza lo domina
y nunca alcanza a ver, con tanto brío,
que hiere más la rosa que la espina.



Todos los derechos reservados © José Tadeo Tápanes Zerguera, 2016




JOSÉ TADEO TÁPANES  ZERQUERA (Trinidad, Sancti Spíritus, Cuba, 1971). Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana. Homologó sus estudios en la Universidad del País Vasco, España.  Se desempeñó como profesor de Filosofía e Historia en el Instituto Politécnico de Agronomía Enrique Villegas Martínez de su localidad natal, y como profesor de Filosofía en el Instituto Preuniversitario Renán Turiño también de su localidad. Obtuvo el Primer Premio de Poesía en el IV, V y X Concurso Literario  José María Portell, Barakaldo, Vizcaya, España en los años 2007, 2008 y 2013.  Poemas suyos aparecen en la compilación Un canto de mis ojos nace. 50 años de poesía trinitaria, Editorial Luminaria, Sancti Spíritus, Cuba, 2006, y en la Biblioteca del Soneto de la Enciclopedia Virtual Miguel de Cervantes. Tiene publicados además Mirar desde lo cierto la leyenda, Premio de Ensayo en «Las Romerías de Mayo», Holguín, 2000, Ediciones Luminaria, Sancti Spíritus, Cuba, 2007. Reside desde el año 2000 en el País Vasco, España.

2 comentarios:

  1. Exelente poeta. Hay en muchos de sus versos un aliento y temblor como del Vallejo de los Heraldos Negros, esa dulce tristeza que está por venir y se anuncia desde el soneto. Me gustaría escucharlo en un tono más libre, sin el emplazamiento aritmético. Celebro haberlo leído. Gracias y Salu2.

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  2. Admiro su capacidad de expresar la belleza al mejor estilo de un Vallejo (Es tiempo de morir y está lloviendo...). Un gusto esta lectura.

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