miércoles, 27 de enero de 2016

JUAN CALERO, PADRE NUESTRO EN EL EXILIO Y OTROS POEMAS...

         

                 TESTIMONIO DEL SOLDADO DESERTOR



A los estigmatizados y humillados de por vida, en las UMAP


Un día me negué a que el fuego ardiera por el resto de mi vida.
Y fui olvidado, como se olvida tarde o temprano a los héroes.
No es posible latir, como otro madero cualquiera, sin ritmo
o mejor digo, con el mismo ritmo de otro madero cualquiera.
Primero amanecemos en el brocal para luego tallar los tuétanos
donde los pinos inventan su mito entre tanto ruido.
Una razón se sienta tras el eterno cadalso
donde nadie pregunta, ni se explica.
Las razones no mueren en los cementerios,
reclaman
la techumbre por donde escapar del silencio.
He dormido en barracones, en el suelo,
entre tantos otros
apilados en hogueras, cuerpo con cuerpo, por frío.
Y nos saltamos la penitencia
en aquellos campos olvidados por los sueños.
No por ello fuimos héroes, ni mártires,
cada adversidad reta un nuevo milagro.
Solo inocentes.
Y ofrendamos nombres a náufragos cotidianos
y aceptamos como fósiles las derrotas
entre amigos que se ocultan y se privan
y alguna vez recuerdan
el regreso a donde nada queda por hacer.


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        FRENTE AL PAREDÓN DE FUSILAMIENTOS


Hoy es buen día para morir, pero por favor, no me ahorquen.
Permítanme la cursilería de ser feliz, al centro de un altar sin imágenes.
En este instante de alas perdidas, para qué soñar
con ojos verdes que nunca me han amado
y no sentirán ningún escalofrío tras el chasquido de huesos.
He visto caras sin amparo, tan ateridas, como las vuestras
tras el conjuro derrotismo de las indecisiones.
Para detener un sueño es fácil volver el rostro.
Y lo volverán, hartos de contar segundos
sin pálpito de estertores.

Yo, el usurpador de tronos, amante de dioses extraños
he de confesarme.
Merece llevarse uno mismo a cuestas
la misma travestida historia de la historia del hombre.
Asomarnos a cualquier resquicio por pasillos repletos de nube
desde el nacimiento hasta el luto en cada ausencia.
No soy más culpable que cada uno de ustedes
en esta cruel imitación entre unos con otros.
Para que no muera la luz
dejaré las manecillas del antiguo reloj. Y la cuerda rota.
El prodigio rompiendo la caja oscura al recuerdo
y la choza sin espejos donde yace la fábula de mi timidez.

Que sea mi último momento, si en verdad no abrazo palomas
tras la insistente celebración por no haber vivido
las ausencias que provoca un espantapájaros.
Al final, me asesinarán, y me dan lástima
por miedo. Claro que tengo miedo. Igual que ustedes
aunque después prosigan en la taberna comentando necedades.
Nadie es dueño de la libertad para incinerar
las galas del títere sin alma
en el asidero donde hasta mentir tiene su precio.

En este momento, solo se viven los presentes.
No merezco mas castigo que la aldaba por reproches
ante el delirio de la piel.
Si ya no creo en el hombre,
me aferro a Dios, como cualquier ateo
tan cobarde, que siempre se vuelve para firmar el pacto.
Ya es tarde, solo queda cruzar el fuego huidizo de la nada.
Por mi, que comience la jauría, lobos de mis entrañas
soy la carnaza que vuelve a sus aposentos.
Todo cuanto he sido sin poderlo remediar.


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                    LA BALADA DEL ESTRECHO


No hay que estar demente para tirar los hijos al mar.
Esas alas de criatura, pobrecitos,
barcos que van y vuelven y van
y extravían en círculos la espera
sin saberse libres de cautividad.
Nadie comprende el sacrificio de vivir
con las trampas intactas
y levantarse donde los pinos
inventan su mito y la música vieja.
De amigos que se ocultan y se privan
y alguna vez recuerdan
dónde removimos luces sedientas.
Historias de antes, de siempre
de pequeños, de toda una vida.
Ahora que ya no quedan refugios,
ni insectos jugando a las escondidas.
Levanto la mano derecha sin pedir la palabra
para romper el dolor del hombre y hacerlo mío
Tal vez haya algo, pero nunca sabremos
cómo será el fin del eterno cielo
sobre un pueblo, gramo de simiente,
ripio cansado de esperar.
Somos el sonido de las aguas acumuladas
donde entona una balada a lo lejos
las maneras de estrechar otros cuerpos.
Y ofrendamos nombres a los náufragos cotidianos
tan frágiles para que suenen sobre todas las cosas
perdidos entre los pasos de nuestro tiempo
sin el ángel de la tregua.
El límite atemoriza por este estrecho interminable
y enloquece algo la historia
hasta el fin de los exilios.


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                             ARCÁNGELES


Dime Uriel, qué se siente permanecer apócrifo durante tantos siglos.
A veces me pasa como a ti y me entran ganas
de dejarlo todo, no seguir pensando.
El corazón siempre se empecina
donde más duele, por los golpes del pasado.
No lo digo por alguna extraña razón,
porque la razón cuando menos es extraña.
Total, cualquier familia tiene un condenado
lleno de cicatrices que deforma la realidad de los sueños.
Nunca nos conocemos lo suficiente.
No es nada afortunado llevar el rostro prestado
o impuesto por un horóscopo civil.
La realidad es que todos somos piezas muy difíciles de encajar.
Aprendemos a barajar todas las posibilidades
y se miran los años con todo el despotismo.

Uriel, tú que eres el fuego de la vida
y llevas la cuenta de los actos y sentimientos
no olvides que el Minotauro también come carne humana.
Te nombraría con tantos nombres que he amado.
Te he amado en tantos sitios que por pudor no nombraría.
Tú, en el cuerpo amado de Lázaro.
Sí, ya sé, hay muchos lázaros
pero tú llevas la cuenta de los actos y pensamientos.
No es de ocioso enmendar
las ilusiones remotas, es decir rotas.
La edad limpia los linderos,
la corriente arrastra
y la noche nos enseña las cosas más terribles.


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                          CORCELES AJENOS

                                           
                                      A Abián Lázaro

Si por descuido pisas mi muerte, no temas, sólo son ruinas.
Prefiere las opciones de los sentidos,
los silencios que tanto cobijé.
Ya lo ves, he sido poco, como nadie es suficiente
sólo un aleteo del sueño antes de volverse pesadilla.

Si por descuido pisas mi muerte, es porque huyes
de los arcángeles que amagan el alma.
Son sólo eso, corceles ajenos.
Pronuncia quizás mi mejor mediocre poema
para que no muera como el dueño.
Serás el faro que alumbra a las golondrinas.

Si por descuido pisas mi muerte, no me abandones.
Recorre las calles que tanto deseé
y vuelve a las que transitaba sin remedio
para acariciar el mar y la brisa de un gato,
porque he sufrido y amado en tu nombre.

Y si por una de esas casualidades te olvidas de mi vida
no pises mi muerte.


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                                 PALABRAS


Palabra de hombre, magnífica, inmensa
que duda como bestia, como roca, como bosque.
La palabra encubierta, traicionada
que reflexiona, que interroga, que blasfema
que sucumbe, incordia y embiste.
La palabra grosera
que se escapa con odio.
La palabra desnuda, que se niega
frágil, como duele, ahogada, hecha verbo
en canto, en lamentos
de follaje, de lluvia, de río, de pájaros.
De madre, que perdona, abraza y lucha
de verdad, del niño que vuela, de ave.


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                                 MARILYN


Yo, Thomas Noguchi, médico forense
cotizado por gladiadores del Universo
ante este semidiós de la mitología contemporánea
desnuda sobre una mesa fría común a todos los muertos
declaro:
Norma Jean Baker. Treinta y seis años
ciento diecisiete libras
con estómago limpio de barbitúricos
y útero tamaño natural sin temores
amado desde los nueve años
por un padrastro innoble
hasta el presidente más poderoso
por supuesto nombrado y respetable John F. Kennedy
precipitada a la confianza
burlando vértigos y lluvias
ingenua, cosmetómana, narcisista
torpe frente a la soledad
indisciplinada y maravillosa
perdida en alguna grieta bastarda
ebria de autógrafos y tranquilizantes
con casi kilogramo y medio de cerebro
pulmón derecho pesando cuatrocientos sesenta y cinco gramos
y corazón deseado por millones de hombres
tuvo de todo, menos la vida.
Ella que soñó reinar desnuda
entre aplausos en alguna iglesia
hoy soy su público
y la poseo sin fotógrafos.

Declaro:
Caso forense No. 81128
fue asesinada
por sus fieles admiradores.

Apaguen reflectores. Ha muerto la reina.


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                    DESAYUNO SIN DIAMANTES


Para desayunar frente a un cuerpo muerto y desnudo
no hace falta ser héroe o parte de esa historia.
Solo cuenta que estás ahí en el papel de celador
sin más remedio.
Hurgar la fantasía donde vuelan los fantasmas
no es ningún escape de la realidad
sino la propia faena del barro.
Comienzas a meditar que nada es tan exacto
como nos enseñaron en la escuela.
Que las integrales fueron garabatos para no pensar
en cosas más importantes.
Que es puro cuento aprender las conjugaciones del verbo
cuando tienes un cuerpo delante y poco importa verlo desnudo.
Y comprendes lo cruel que has sido
porque te mira fijamente
y no le brindas ni una taza de café caliente.


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                                 EL DISCÍPULO


No soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja,
sino un pulso herido que presiente el más allá

Federico García Lorca


                                 A Claudio Lahaba, poeta


Verdad, poeta, qué palabras digo
para hurgar el olor fresco, de las órbitas        
escondido por una sociedad extrema.
No será fácil borrar las sombras,
estos silencios, de uno mismo
ajeno a los rituales del dolor.
Mientras la lluvia escribe su historia
puertas adentro
donde hundimos la voz,
en esa oscura noche, de la isla, a su deriva.
Los litigios se cuecen en el recuerdo vil
de cerrar los ojos, ante la trampa,
la ira contra el embuste.
Si por fin, algo, sobreviviera a los comienzos
de un vientre preñado por la magia del deseo.
O el gozo de los Siete Sabios
no fuera más que un tatuaje
para golpear entre el ayer y el mañana, las alas
de un mundo amurallado.
La poesía no puede ser la misma de antes
siempre abierta a conquistar espumas.
Ahora se compran los días como arenales
mientras ellos, continúan su andar celestial
otorgando honorarios, con los labios cerrados.

No es cuestión de esperas.
Los pájaros reclaman pretextos
por las rutas del regreso.
Un saxo empuña su ballesta en la noche
desde la suerte hasta el aroma de una flor.
Detener la sequía, y mirar las salinas
al menos, alguna vez, como olas.
Desmitificar holocaustos, allá, donde los maizales.
Pero nadie se atreve, nadie se enfrenta a la vida
tan llena de metáforas impracticables.

El privilegio de los elegidos
podrá destruir el deseo más trivial
de esos iniciados a ninguna parte.
Más, la gloria nunca será de los hermosos héroes
con cartas escritas desde el alma.
Ahora, cuando las mareas sucumben
un poco tarde, un poco lejos, un casi nunca
ante la cicatriz de la vida
faltan tantos inventos,
como recobrar la brújula, o besar el tiempo.
Somos hijos de rehenes, los Homeros de ahora.
Bien sabes, poeta,
le debemos una explicación a este mundo.
Aun nos queda,
el gesto impasible de ser uno mismo,
las escaleras equivocadas,
donde aguarda el inmenso poder de la poesía.


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               PADRENUESTRO EN EL EXILIO


Patria nuestra que estás tan lejos
martirizada
no solo en ese rincón del mapa
donde un soplo huracanado te borre
manoseada por tantos sin escrúpulos,
sino lejos de la borrasca del recuerdo.

La historia se narra con crímenes
de guerras y prevaricaciones
por los hijos malparidos,
venganza entre hermanos
y vecinos en tu nombre.
Tantos muertos.

Los que por voluntad nos dispersamos de tu reino
nunca olvidaremos las venas de tus calles.
Nos pusiste nuestro pan bajo el brazo
y salimos a sembrar nuevas tierras.
Las olas generacionales huyen de ti
y como aves en invierno, volveremos a tus costas
con otros rostros y otras huellas.
No lo dudes, volveremos.

Perdona el precio de la felicidad
como nosotros perdonamos
quienes nos ultrajaron
y quemaron nuestro sueño.
Aquí tejemos el mestizaje entre pueblos
en una sola bandera y como voz un único himno.
Agua materna, no somos hijos mal avenidos
y perdónanos por siempre. Amén.


Todos los derechos reservados © Juan Calero, 2016



Acerca del Autor.

Juan Calero Rodríguez. Nació  en Guanajay, Cuba. Reside en La Palma, Canarias. Estudió Ingeniería Industrial, Dibujo Mecánico y Dibujo Arquitectónico. Ha incursionado en pintura, diseño gráfico y cine, en Cuba y teatro en Canarias.

Ha publicado en España los títulos ‘Palabras del balsero’, ‘Pasajero sin oficio’, ‘Los puentes que dejamos al pasar’ y ‘Poetas cubanos en Canarias’; mientras que en Estados Unidos ‘Debajo de los portales del Niágara’ y en más de una veintena de antologías o compartidos en España, USA, Argentina y Chile. En mayo de 2016 sale publicado ‘Autores en La Palma’ y para noviembre de 2016 ‘Testigo de otro reino’.


Reconocimientos literarios de distintos niveles en Cuba, USA, España y Chile.
Escribe para periódicos y revistas.
Tiene inéditos libros de poesía, investigación y cuento para niños.


6 comentarios:

  1. Excelente poesia. Me he deleitado leyendo estos poemas. Gracias por esta pagina. Muy buen diseno y buenas publicaciones.

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    1. Juan Calero Rodríguez29 de enero de 2016, 15:28

      Gracias, anónimo. Efectivamente, esta página es magnífica.

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  2. Respuestas
    1. Juan Calero Rodríguez29 de enero de 2016, 15:26

      Gracias, por tus palabras, Rafael Quevedo.

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  3. Leer la poesía del poeta cubano-palmero, Juan Calero Rodríguez, es descubrir el diálogo oculto e intenso entre su dos modos de entender la escritura y la vida. Es comprender los ejes donde la palabra se convierte en un acto de fe. Es descubrir su creación poética que germinó en su país de origen, Cuba, y que se consolidó en La Palma. Es presagiar la migración. Es perseguir a través de sus versos ese hilo conmovedor que le une...

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  4. Me he quedado bien de espíritu.Ha trascendido a lo mas hondo.

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