miércoles, 27 de enero de 2016

JUAN CALERO, PADRE NUESTRO EN EL EXILIO Y OTROS POEMAS...

         

                 TESTIMONIO DEL SOLDADO DESERTOR



A los estigmatizados y humillados de por vida, en las UMAP


Un día me negué a que el fuego ardiera por el resto de mi vida.
Y fui olvidado, como se olvida tarde o temprano a los héroes.
No es posible latir, como otro madero cualquiera, sin ritmo
o mejor digo, con el mismo ritmo de otro madero cualquiera.
Primero amanecemos en el brocal para luego tallar los tuétanos
donde los pinos inventan su mito entre tanto ruido.
Una razón se sienta tras el eterno cadalso
donde nadie pregunta, ni se explica.

lunes, 25 de enero de 2016

FRANK DIMAS, POEMAS

(Poema de la Creación)


Yo removí  los sueños aletargados
de tu virginidad consentida, doliente,
hecha de musgo y polvo,
                            de lava seca.
Junté cada fragmento de tu vida                           
en tus ayeres sombríos,
y los puse a la luz de mis ojos.
Con mi voz calenté tu travesía en el tiempo,
levanté la dunas de tus pechos,
tallé  las aves en la marisma de tu vientre,
aves que volaron como lengua de aire
al paraíso de tu nuez.
Brotaron raíces frescas en tu selva,
y en la espuma de mis dientes
sentí el olor del árbol de la vida.
Besé tus pies para que no volaras,
mordí tus plantas para anticipar su rastro.
Por eso te persigo en las mañanas,
blancas como el instinto
de mis dientes homicidas.
Por eso prefiero tu aves
clavadas  en mi espuma,                          
esta espuma  babeante, de lodo
cuando te beso en la tierra.

viernes, 22 de enero de 2016

ARÍSTIDES VEGA CHAPÚ, POEMAS INÉDITOS.

Los otros destinos



Soy quien regresa
después de alisar la Isla sobre las brazadas del océano.
Había permanecido toda una mañana bajo la húmeda sombra
de empinada palma,
con una ligera inclinación de la cabeza,
apenas imperceptible
hacía el lado en que las lomas se tornan tan azules como el mar,
disfrutando de la quietud con que desciende el sol
hasta cimentar la tierra apisonada durante siglos.
Al mediodía me dispongo a estacionarme del otro lado
de la línea divisoria
en que se acomodan los pasajeros, atento a una señal
para aproximarme al ventanillo,
cristal blindado tras el cual alguien me observa atento,
confisca mis ojos
los de mirar con cierto resentimiento,
los del otro rostro expuesto tal y como si fuese el verdadero.
Me dejo tomar una foto, las huellas dactilares,
primero los dedos juntos para finalmente exponer el dedo índice.
Voy y regreso sin recordar mi nombre,
sin la certeza de quién he sido
como si al emprender un viaje quedara sin pasado.
Un pasado inquietante en que uno se asedia a sí mismo.
Digo cualquier nombre, cualquier fecha de nacimiento 
de mis padres ya muertos,
digo quién he sido con voz de ventrículo
y obtengo por premio continuar, poder acceder a la salida
pisando una alfombra acolchonada, equilibrando el gorrión
que resguardo en la palma de mi mano.
No sé qué hacer con el ave,
ni si debo tomar a la derecha o a la izquierda
de un largo pasillo de escaleras que mueve la electricidad.
La salida no está expuesta a simple vista
y el silbido de los aviones interfiere el cono de luz
bajo el que me he sentido protegido.
Sigo el ruido de los autos 
vibrando a mis espaldas sobre un liso pavimento
que en la madrugada unas máquinas fregadoras han dejado prolijo.
Detrás de la sombra que proyecto
se manifiesta el perturbador sonido de la velocidad,
sin intermitencias, de uno a otro lado
como si buscaran el extremo contrario
al que me he estacionado
sin hurgar en el mapa de mi memoria.
La saliva flota en mi boca vacía
y la lengua mide la profundidad
de la catatumba en que protejo las palabras.
Observo absorto cuando se detiene frente a mí,
con miedo de quedar sin palabras para siempre,
sin merecer ningún recuerdo.
No es que esté acostumbrado al silencio
sino a otros sonidos más ríspidos.


A Juan Carlos Valls.