jueves, 1 de septiembre de 2016

UNA ANTOLOGÍA NECESARIA, PRÓLOGO DE ANTONIO ARROYO SILVA AL LIBRO ABRA DE PANES Y PECES

ECHANDO PANES A LOS PECES DE LA ABRA



Por Antonio Arroyo Silva


Cuando siete poetas se reúnen en el espacio exiguo de un libro de poemas, apenas sin motivo ni causa aparente, con la luz de un aprecio o de una admiración recíproca que conforma el número simétrico del siete, entonces, nos parece que surge la sinfonía perfecta—sabemos— a partir de pequeñas imperfecciones que nos hacen humanos y, por tanto, poetas. De ahí este libro titulado Abra de panes y peces, que sirve de pequeña bahía, ensenada o fondeadero en el amplio mar por donde navega la poesía. Porque lo que parece aislarnos, realmente nos comunica.

Nos encontramos, pues, ante esa imperfección perfecta de las voces disímiles en este pequeño punto cardinal de un país extraño llamado Poesía. Digo esto  porque cuando los poetas se han congregado en torno a afinidades electivas o estéticas siempre hubo alguno que reclamó el liderazgo para sí y se produjeron escisiones, guerras y desamores mutuos, hasta el punto de que todos quedaron divididos y múltiples incluso dentro si mismos [permítame, Lady Kodima, tal licencia borgeana]. Homo sum, humani nihil a me alienum puto, decía Terencio, pero, aunque de las acciones humanas no nos sean ajenas, ¿qué pasaría si se juntaran las obras de algunos y se pusieran a dialogar entre ellas, dentro de un libro? Ya no importa el tamaño de cada cual, el mayor peso, la valoración individual. Ahora importaría el efecto que los poemas de cada uno de los poetas recogidos en este volumen proporcionarán al conjunto, independientemente de las individualidades que lo constituyan. Independientemente del país de procedencia: ver la poesía como un constante exilio. O su envés de esperanza: ver un mundo sin fronteras.

Por un momento, no obstante, mi máquina analítica se detiene a contemplar y entresacar características en tal valiente colectánea tras atenta lectura. Y se aprecia una propensión a alargar el verso y salirse de los caireles de la tradición métrica, sin perder la memoria literaria, sin morir en el intento. De esa manera, el libro puede ser ensenada, agujero o paraíso, perdido o encontrado. Encontrado y vuelto a perder. Una abra. Son siete poetas: cuatro cubanos en el exilio (Juan Calero Rodríguez, Claudio Lahaba, Eduardo Vladimir Fernández y Arlen Regueiro Mas), un español (Juan Carlos Mestre), un salvadoreño (André Cruchaga) y un argentino (Héctor Berenguer).

Aparte de lo apuntado anteriormente, esa versatilidad del verso, me encuentro con cierta tendencia al narrativismo que, entre la influencia de la literatura norteamericana—con el tamiz y la mirada de Gelman y otros poetas hispanoamericanos—y la memoria socio-literaria cubana han ido definiendo la poesía de Juan Calero, de Arlén Regueiro, de Claudio Lahaba y de Eduardo Vladimir Fernández, con mayor o menor fortuna, pero siempre en continua renovación y evolución y asumiendo el riesgo que implica verterse en la cultura del país de acogida o crear una poesía fronteriza entre lo cubano y lo exterior. Y, en todos los casos, vivir en el poema ese dolor que supone el exilio interior o exterior. Muchos efectos por una misma causa, como muestra del drama de todos los cubanos, se hacen eco en versos convulsos y discursivos, muchas veces luminosos y reventadores de sintaxis al uso. Pero, simultáneamente, descubriendo que las fronteras realmente no existen, pues son cepos y cárceles. ´

Juan Calero tan doliente
Y tan imaginativo.
Es Lahaba discursivo
Con un verso disidente
—la batalla de su mente
No se libra en un Bailén.
Mas detrás vienen Arlen
Con versículo preciso
Y Vladimir a Narciso
Echándolo del Edén.

Héctor Berenguer es un poeta argentino de Rosario. Poesía como interrogación, pero también como pérdida de identidad o, más bien, como lucha constante contra ese yo cuyo fin es desaparecer del poema y de la creación. Poesía escrita que vive en los otros y transciende el papel para asumir la memoria que va más allá de todo planteamiento antropocéntrico. Poesía siempre inconclusa, como el mar de Valery, siempre renovándose. Hay mucho dolor por la muerte, pero el planteamiento de la misma roza con la filosofía oriental o, más bien, con la percepción de poetas como Octavio Paz y Borges: la brillantez del día de uno y la noche del otro.

Juan Carlos Mestre, poeta español. Es uno de los poetas más valorados en España e Hispanoamérica. Su visión creativa y envolvente lo lleva más allá de lo poético y entra en la poesía visual. Por otro lado, conocidas son sus acciones en pro de la Humanidad y por encima de las fronteras y cárceles que el poder le tiende a la misma. Poeta consciente del expolio que el imperio español causó en América; pero también nos habla de la enfermedad consecuente y represora que este imperio dejó allí, al mismo tiempo que ese extrañamiento ante el paisaje que Mestre asume como propio. Hay que destacar ese punto de partida en que Mestre se inscribe en el pensamiento poético de Ezra Pound. A mi entender, de los tres elementos que proclamaba el poeta norteamericano (melopea, fanopeia y logopeia), Mestre destaca sobre todo en las dos últimas. Esa música y silencio de la palabra que proclamaba Valente no es propio de Mestre, su intención es conquistar el haz y el envés de una hoja en blanco y llenar esos espacios e instantes de pensamiento poético. La poesía de nuestro autor se revela en la sintaxis del verso, pero, sobre todo, en la progresión de la imagen que tiende a lo visual no a través de la palabra en sí sino por medio de una imaginación que linda con lo pictórico.
Capítulo aparte merece el poeta salvadoreño André Cruchaga. Si bien, como Mestre, parte de la progresión ascendente o descendente de la imagen, es de destacar su técnica del contrapunto, las palabras entre paréntesis y en cursiva. Poesía-pensamiento. A veces recuerdan las acotaciones de Lorca, a veces se presienten las iluminaciones de René Char, esa línea tan frágil entre la luz y la sombra. El molino de Char se afianza en el espacio físico del poema de Cruchaga y la sintaxis es la semántica del texto.

También es poesía testimonial de sí misma y contra lo otro externo, el poeta a veces me [se] rehúsa [rehusó] a la mudez de los nudos del calendario. Hábil juego de palabras entre su rebeldía patente que implica rehusar y la vuelta de tuerca que supone el usar de nuevo lo que rechaza torcerle el cuello al cisne (la mudez de la h muda). El espacio-tiempo de la página como el lugar e instante del ritual donde el sacrificio-renacimiento de esas "palabras resignadas". Junto a esto, el tema de la embriaguez que procede, quizás, del poeta Claudio Rodríguez. El poeta, más allá del Pensamiento, se reconoce más allá de la propia idea y entra en un estado donde todos los sentidos se conectan para edificar de nuevo el mundo en el poema por medio de la imagen, más allá de la falsa puerta del día, el canon del absurdo al costado del sueño.

Esas imágenes tan potentes no hacen que el poeta se evada de la Realidad, sino, como decía anteriormente, la instauran aunque con el dolor y el riesgo de perderse en el abismo de la nada. El poeta y su papel de Sísifo reinterpretado por Albert Camus. Por último, esa insistencia en el tema de la caverna me hace pensar en una revisión de los planteamientos platónicos lejanos a aquellos que hicieron los pensadores cristianos. Mucho de presocrático también hay aquí, sobre todo en ese tratamiento de un verso cuyas ya no son las mismas porque fluyen. Precisamente por esto, también se percibe que con acierto el pensamiento poético de André Cruchaga hace una revisión de las vanguardia: Petrificamos acaso los fuegos del artificio? ¿A quién le resarcimos la alegría? Esas son las palabras resignada que combate, que a su vez pertenecen a los hombres e intelectuales resignados a un sistema que nuestro poeta también combate con toda la fuerza de su verso.

Queridos lectores todos: no pretendo que lean con el corazón, pues los ojos del corazón solo miran la esperanza de la paz del vivir cotidiano; pero sí que fondeen las naves de su entusiasmo en esta ensenada o abra y naden entre sus peces y sus panes.

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Antonio Arroyo Silva (1957). Santa Cruz de La Palma, España. Destacado poeta canario y Licenciado en Filología Hispánica. Ha sido colaborador de revistas literarias nacionales y extranjeras.
OBRA PUBLICADA: Las metamorfosis (1991). Esquina Paradise (2008), Caballo de la luz (2010), Symphonia ( 2012), No dejes que el arquero (2012),  Sísifo Sol (2013) y Poética de Esther Hughes. Primera Aurora (2015). Mis íntimas enemistades (2016). Las plaquettes Material de nube (2012), Un paseo bajo los flamboyanes (2012). En ensayo, La palabra devagar (2012). Ha participado en varias antologías internacionales.


domingo, 19 de junio de 2016

JUAN CARLOS RECIO, POEMAS





















EL PASADO



Dentro de una boca siempre hay quien espera
hecho fuego,
luego está con luz hasta que nos abandona.
Se guarda el pasado,
se oculta como un cofre con alhajas,
pero alguien o algo se encargan del descubrimiento.
Nunca guardes ni el rencor ni el pasado,
esos cofres no se pudren
y cuando salen flotando, aunque parezcan luz,
solo son rostros que se perderán como las ceremonias.

Del libro LA Pasión Del  Ignorante, editado por 
Ediciones Hoy no he visto el  paraíso. Edición y creación 
por Margarita G Alonso.


domingo, 20 de marzo de 2016

AGUSTIN LABRADA AGUILERA, POEMAS



EL RASTRO DE LOS ÁNGELES


¿Quién tiene el as de oro?,
¿quién la ruta precisa
donde darán las buenas noches
sin que la barra el humo?

Todo fluye hacia un fin y crea la nueva ausencia.
No podemos asir nuestra fortuna,
traducir santo y seña en múltiples reinados
si hasta vencer nos deja un gesto ocre.

¿Adónde voy tras el rastro de los ángeles?
¿De qué vale fundar una cabaña,
una familia y una oración que pronto olvidaremos?
Ahí se asienta la fe como arca de polen,
sucesión de escenas insondables,
rescatadas un día por el vino.

Entonces la libertad se vuelve barco,
una extraña ciudad con otra llave,
Odiseo hacia una mujer de niebla.

Entonces la libertad es un jardín
para romper su grito contra el muro.

lunes, 29 de febrero de 2016

ARMANDO AÑEL, POEMAS




UNA VEZ MÁS EL ICEBERG


en medio de los desatinos
un montón de hielo, sombra petrificada
un gaznatón de hielo, un puñetazo
vapor de agua que se enciende
y se adormece y se licúa

la extenuación de estar de pie pidiendo el último
en esa plataforma de nieve
como un guante, un gaznatón, una pedrada
como la niña
sin los dedos de las manos
como la ilustración frente a la niña
incapaz de pasar página

en medio de las lamentaciones
una montaña de hielo, una tribuna blanca
sin banderas ni ovaciones ni estremecimientos
solo el pasado, solo la paradoja de seguir creciendo
desde abajo, más abajo
hacia abajo

lunes, 22 de febrero de 2016

ROBERTO ROCHIN SUÁREZ, POEMAS



RELOJES BLANDOS



Quebradizo el paisaje
De un espectro ya perdido,
Y grises los colores del cinabrio,
Que le canta.

Su tiempo es agua
Y su soledad aire.

Sus montañas gritan,
El sediento espacio,
Como los huesos que lloran
En medio de un desierto.

No es difícil,
Encontrar las ramas secas,
Arriba de un trapecio ambivalente,
O tableros parlantes
Confundirse con el viento.

No es difícil,
Encontrar...
"RELOJES BLANDOS"
escurrirse en sus trémulos instantes.

Ni difícil
Encontrar...
Pintadas, pestañas en ojos desbordados.

O,
Manecillas infinitas,
Que lleguen,
al cielo del placer.

Solo la roca,
(Extrañamente)
Perdida entre la arena,
Es la fantasmagórica presencia
De un alarde de misterio,
De un DALÌANO desierto milenario.

jueves, 18 de febrero de 2016

ARLEN REGUEIRO MAS, POEMAS DE SU LIBRO "EL HAMBRE DE LA PATRIA (1972: UNPLUGGED)", XXXIV PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA “JUAN ALCAIDE”



El hambre de la patria (1972: Unplugged)



Amherst. Massachusetts. 19 de diciembre de 1848 / un distante silencio


Que tarde nos acoge el cierzo
cuando peldaño a peldaño caen las horas
y hay tras la ventana una migaja de voz
que desnuda su vuelo en transparencias

Nos ciñe la noche
con su gesto todo de ver lo indiferente
de estar cerca del álamo esperando

Cuando llegue el azul quiero estar viva
ser una pálida intimidad entre su mano y mi boca
un distante silencio

Déjenme sola aquí con su mirada
Donde hay un cierto sesgo de la luz[1]
que nada importa


____________________
[1] Emily Dickinson


miércoles, 10 de febrero de 2016

FÉLIX LUIS VIERA, SELECCIÓN DE POEMAS DE SU LIBRO LA PATRIA ES UNA NARANJA, PREMIO LATINA EN VERSO (ITALIA, 2010)



                                               

                                   24



Tan pobres hemos sido, mujer, hijos míos,
tan pobre nuestra despensa, nuestros escaparates y la madera de nuestras
puertas.
Pero en lo alto estaba la tribuna de donde salían lo mismo fieras que
gaviotas que los geranios del porvenir.
Hijo mío, tú sin calcetines, sin la pistola de agua que te hiciste grande esperando,
tu madre sin más techo que sus cabellos,
sin otra piedra en la mano que la certeza de la esperanza.
Tan pobres hemos sido,
pero quienes nos leían las cartillas
fabricaban búnkeres con el soldado de chocolate que tú, hijo, no tuviste,
con los calcetines que te trajo un líder
desde sus incandescentes reuniones europeas
adonde iban los líderes a recibir el cartabón, el compás
con que se fabricarían los esplendores de todos, entre ellos el tuyo, hijo mío,
que pasaste por la niñez sin alcanzar
el juguete que por otros decires tú soñabas.
Tan pobres hemos sido, mujer, hijos míos, madre
que por tu hijo diste la última uña que guardabas,
el pequeñito fuego restante de tus pupilas.
Tan pobres hemos sido,
pero todos tuvimos escuelas al pie de las flores
un médico en cada amanecer
un atleta que ponía tu nombre y el mío y el de todos
y el de la patria, el nombre de la patria,
en lo más alto de las colinas de todas las galaxias,
mas no bastaba:
hemos bebido nuestra propia sangre en forma de conos
hemos bebido nuestra propia sangre en forma de estrellas partidas
hemos bebido furtivamente la sangre del hermano
hemos negado la patria a aquellos que también la amaban
hemos hecho de la patria un sudario de discursos
una Pena de Muerte eterna
un zoológico donde no hay raros animales.
Perdóname, patria,
perdóname dorada naranja de la patria
perdóname porque yo también asesiné a la patria en nombre de la patria
yo también firmé el decreto donde hacía a todos los hombres iguales,
donde cada hombre respiraría el mismo oxígeno, la misma cantidad, a la hora
misma,
yo también hice el giro de la hipérbole a la izquierda
hasta que el brazo de la patria se hizo trizas.

Perdónenme, mujer, hijos míos, patria:
tan pobres hemos sido,
nunca hemos tenido una pecera
también por mi culpa,
perdónenme hoy esta amargura, esta franqueza.

lunes, 1 de febrero de 2016

JOSÉ TADEO TÁPANES ZERQUERA, LA CARNE DE LO ETERNO, SONETOS...

En el presente conjunto de sonetos escritos por José Tadeo Tápanes Zerquera encontrará el lector el impacto de la legítima poesía. Captará, apenas haya consumido algunas de las piezas aquí reunidas, la velocidad y temperatura del lenguaje lírico genuino: sentirá cómo van las palabras avanzando portentosamente en la corriente silábica hasta que al término de las estructuras redondean su curso representativo y ofrecen imágenes de una brillantísima destreza, en las que parece que el lector entra directamente en el mundo interior del que habla. José Tadeo Tápanes Zerquera con este magistral catauro de sonetos sitúa para siempre, y a buena altura, en la fusión adecuada de lo culto y lo popular, su anillo de oro personal dentro del arca dinámica de la poesía cubana.

Roberto Manzano

miércoles, 27 de enero de 2016

JUAN CALERO, PADRE NUESTRO EN EL EXILIO Y OTROS POEMAS...

         

                 TESTIMONIO DEL SOLDADO DESERTOR



A los estigmatizados y humillados de por vida, en las UMAP


Un día me negué a que el fuego ardiera por el resto de mi vida.
Y fui olvidado, como se olvida tarde o temprano a los héroes.
No es posible latir, como otro madero cualquiera, sin ritmo
o mejor digo, con el mismo ritmo de otro madero cualquiera.
Primero amanecemos en el brocal para luego tallar los tuétanos
donde los pinos inventan su mito entre tanto ruido.
Una razón se sienta tras el eterno cadalso
donde nadie pregunta, ni se explica.

lunes, 25 de enero de 2016

FRANK DIMAS, POEMAS

(Poema de la Creación)


Yo removí  los sueños aletargados
de tu virginidad consentida, doliente,
hecha de musgo y polvo,
                            de lava seca.
Junté cada fragmento de tu vida                           
en tus ayeres sombríos,
y los puse a la luz de mis ojos.
Con mi voz calenté tu travesía en el tiempo,
levanté la dunas de tus pechos,
tallé  las aves en la marisma de tu vientre,
aves que volaron como lengua de aire
al paraíso de tu nuez.
Brotaron raíces frescas en tu selva,
y en la espuma de mis dientes
sentí el olor del árbol de la vida.
Besé tus pies para que no volaras,
mordí tus plantas para anticipar su rastro.
Por eso te persigo en las mañanas,
blancas como el instinto
de mis dientes homicidas.
Por eso prefiero tu aves
clavadas  en mi espuma,                          
esta espuma  babeante, de lodo
cuando te beso en la tierra.

viernes, 22 de enero de 2016

ARÍSTIDES VEGA CHAPÚ, POEMAS INÉDITOS.

Los otros destinos



Soy quien regresa
después de alisar la Isla sobre las brazadas del océano.
Había permanecido toda una mañana bajo la húmeda sombra
de empinada palma,
con una ligera inclinación de la cabeza,
apenas imperceptible
hacía el lado en que las lomas se tornan tan azules como el mar,
disfrutando de la quietud con que desciende el sol
hasta cimentar la tierra apisonada durante siglos.
Al mediodía me dispongo a estacionarme del otro lado
de la línea divisoria
en que se acomodan los pasajeros, atento a una señal
para aproximarme al ventanillo,
cristal blindado tras el cual alguien me observa atento,
confisca mis ojos
los de mirar con cierto resentimiento,
los del otro rostro expuesto tal y como si fuese el verdadero.
Me dejo tomar una foto, las huellas dactilares,
primero los dedos juntos para finalmente exponer el dedo índice.
Voy y regreso sin recordar mi nombre,
sin la certeza de quién he sido
como si al emprender un viaje quedara sin pasado.
Un pasado inquietante en que uno se asedia a sí mismo.
Digo cualquier nombre, cualquier fecha de nacimiento 
de mis padres ya muertos,
digo quién he sido con voz de ventrículo
y obtengo por premio continuar, poder acceder a la salida
pisando una alfombra acolchonada, equilibrando el gorrión
que resguardo en la palma de mi mano.
No sé qué hacer con el ave,
ni si debo tomar a la derecha o a la izquierda
de un largo pasillo de escaleras que mueve la electricidad.
La salida no está expuesta a simple vista
y el silbido de los aviones interfiere el cono de luz
bajo el que me he sentido protegido.
Sigo el ruido de los autos 
vibrando a mis espaldas sobre un liso pavimento
que en la madrugada unas máquinas fregadoras han dejado prolijo.
Detrás de la sombra que proyecto
se manifiesta el perturbador sonido de la velocidad,
sin intermitencias, de uno a otro lado
como si buscaran el extremo contrario
al que me he estacionado
sin hurgar en el mapa de mi memoria.
La saliva flota en mi boca vacía
y la lengua mide la profundidad
de la catatumba en que protejo las palabras.
Observo absorto cuando se detiene frente a mí,
con miedo de quedar sin palabras para siempre,
sin merecer ningún recuerdo.
No es que esté acostumbrado al silencio
sino a otros sonidos más ríspidos.


A Juan Carlos Valls.