viernes, 31 de julio de 2015

A PROPÓSITO DEL ARTE CREATIVO....


Por Claudio Lahaba


La capacidad creativa al desempeñar cualquier tipo de manifestación artística que algunos individuos tienen y luego desarrollan la llamamos Don, por definirlo de un modo simple, sin adentrarnos en un concepto más elevado del término que lo define.
De igual modo estas habilidades o artificios correspondientes a la suma de todas esas destrezas que se desarrollan, son consideradas como talentos en el desempeño de las mismas, las cuales se ponen de manifiesto ya sea en la música, el arte, la poesía, la ciencia y todo ese cúmulo creativo que misteriosamente se sublimiza y ocupa en el alma su fluctuación máxima, para luego expandirse al mundo circundante donde el artista escoge su escenario creativo y allí se magnífica.
Una vez un amigo extinto quien poseía un finísimo y envidiable humor dijo en un Taller Literario, donde la gente iba a “aprender a escribir", que "el talento no se vendía en la farmacia". Esta sentencia ciertamente es una de las frases más sinceras y originales que jamás he escuchado en mi vida.
Con el transcurso de los años he comprendido dos cosas que cambiaron mi modo de apreciación comtemplativa, una, "si la vida te da un limón has una limonada", como dice el viejo refrán, y no intentes hacer algo que no podrás desempeñar eficazmente por las limitaciones y esa invalidez "creativa" que nos han sido de igual modo dadas; la otra, la aprendí, hace años del incomparable Hemingway quien fue un obsesivo e insatisfecho escritor que creía en la capacidad "automutilativa" del individuo para darse cuenta que no todo lo que un escritor escribe es bueno.
Hemingway decía- y esto es esencial-, que "cada escritor que se respete a sí mismo, debe tener un detector de mierda a prueba de golpes que le ayude a diferenciar lo malo de lo bueno que escribe", pero desafortunadamente muchos siguen yendo a la farmacia y el detector lo tienen desactivado.
La creación es un ejercicio inexplicable del inconmensurable intelecto y ese esplendor del espacio inexplorado del alma que nos atrapa y condecora con elevado espíritu el alma en incentivos.
Tratar de definir esa misteriosa devoción personal en estado de iluminación, (ya que la expresión más elevada del alma es un encuentro a solas que el sujeto lirico o el artista tiene en maravillosa soledad consigo mismo), es sencillamente negarlo.

En toda definición hay un poco de negación, de ruptura, de espanto cuando se reconocen o tratamos de abrazar el "ave huidiza" y esas formas misteriosas de expresión que al tratar de definirlas solo se indefinen.