domingo, 15 de febrero de 2015

DE LA CASTA PERVERSIÓN



Por Alfredo Pérez Muñoz

Siempre vamos detrás del placer; algunos han dicho que es la única meta o en todo caso, la última. Todo lo vivo huye instintivamente del dolor o la incapacidad. Intentando llenar esos espacios vamos tras las palabras a falta de otra cosa. Casi no importa entonces que nos sentemos con un libro al atardecer o miremos el itinerario de un cuerpo desnudo, como diría un poeta, argentado en los confines; estamos suspendidos de igual modo en lo virtual. Es algo muy parecido a dormir en la noche calma, en esa interioridad vertiginosa sabemos que esa y no otra es la realidad, hasta que despertamos sumiéndonos en el sueño siguiente de lo factual. Entonces, entrando en materia; lo que definimos como arte en sus posibles significaciones, podría ser la curvatura de su posible extensión, lo conciliado: vamos acercándonos a un punto que inicia una línea, que forma un punto, que señala nuevamente hacia el espacio; solo para hacernos retornar al sitio elástico donde seguir los rizomas de la metáfora como un cuerpo en lontananza.