lunes, 25 de agosto de 2014

ÚLTIMAS PALABRAS DE UN CONDENADO

  
              













                                                            

al poeta Juan Calero….



Yo, William MClane, soldado de la flota naval 999
padre de familia con dos hijos adoptivos
con placa de registro militar 666
natural del noroeste del país
confieso que desde hace más de un mes
no he podido levantarme de esta cama de piedras
donde estoy ya sin dolor felizmente postrado.
Denuncio: Desde que llegué a esta solitaria celda
no he tenido más compañía que el olor a orine de las ratas
y  la peste de las rotas cañerías
por donde corre todo el excremento de la ciudad
cuyo agrio olor provoca vómitos que no cesan y me han deshidratado:
Una ciudad que ha sido calcinada y dentro de cada tumba 
han colocado una tarja para intimidar
a quienes como yo trataron de provocar un cambio.
Dentro de unas pocas horas me colgaran en la plaza principal del pueblo.
Allí estará el alcalde con su roja barriga
mirando retorcerse mi cuello
y como los ojos en desventajosa  posición
se vuelven brillosos y perdidos.
Yo, que sólo quise dejar los aplausos y las condecoraciones
resulta que en nombre del mismo infierno
 llevarán mi cuerpo a la horca en menos de dos horas.
Sólo pido en nombre de los muertos que antes precedieron
que toda la inmundicia y las plagas no caigan sobre quienes me condenan
sino sobre mi mismo, quien fue a fin de cuentas
el provocador de todo este altercado.
Me retracto de todo lo  dicho anteriormente
y pido a todos los ángeles buenos que perdonen a los impostores
y al alcalde bendiga con más dinero
en sus abarrotados bancos donde duerme misterioso
el tesoro de una ciudad que nunca ha podido
permanecer en pie sobre su propia tumba.
Pido: Que un fuego anunciador  purifique mi golpeado cuerpo
y lo limpie de todas las píldoras que me obligaron  tomar
como ahora que desde mi subconsciente
siento un poco de amor por aquellos que me
laceraron insaciablemente….
Pido: Que sean las rojizas llamas del mismo infierno
quienes acomoden mis  huesos después de ser calcinados:
Las altas llamas que se elevan y la gruesa soga
puesta sobre mi tatuado cuello de bastardo confesor.
Y la muerte y la muerte y toda esa basura disipada que llaman
ahora Vida vertiéndose como lo podrido sobre mí.
He dicho.


Derechos reservados © Claudio Lahaba
Poema tomado del libro en preparación LAMENTO Y REGRESO DEL GUERRERO….


domingo, 24 de agosto de 2014

ME GUSTAS PORQUE ME GUSTAS











Me gustas porque te mueres
Del mismo mal que agonizo:
De un amor loco, enfermizo,
De una pasión que me hiere,
De la ausencia de placeres,
De incomprensiones injustas
Que clavan como mil fustas
Mil espinas en tu piel
Y yo las cubro de miel;
Me gustas porque me gustas
Me gustas por tu sonrisa
Y el enigma de tus labios
Me gustan tus ojos sabios
Cuando me miran de prisa
Y me acaricia la brisa
Que brota en tu imagen bella
Me gusta la dulce estrella
Que diste como memoria
A un beso que supo a gloria
Por mi rostro; esa es tu huella.
Me gustas porque tus ojos
Sólo derraman ternura
Y deshacen la más dura
Coraza de odio y enojos
Rompen mis locos arrojos
Cuando trato de robarte
En un grupo, en un parte,
Algún beso clandestino
Y veo escrito en mi sino
Que me gustas y he de amarte.
No creo que un cuerpo frondoso
De torso despampanante
Sea en mi gusto constante
Ni lecho de mi reposo,
Pues no es tu cuerpo ostentoso;
Es frágil, escurridizo,
Cresta de ola, es un rizo
Y me gustas tal cual eres,
Me gustas porque te mueres
Del mismo mal que agonizo.