lunes, 20 de agosto de 2012

PALABRAS PRELIMINARES. Raúl Hernández Novás


Nació en La Habana, un 1º. de agosto y murió en la misma ciudad, en junio de 1993, posiblemente el día 23. Se suicidó con una pistola del siglo XIX, heredada de sus antepasados.

Un problema cardíaco congénito limitó mucho su infancia, hasta que fue operado a los 12 años, por el Dr. Noel González, mencionado en sus poemas. Se licenció en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad de La Habana y, desde 1973 hasta su muerte trabajó en el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas. Cultivó la poesía, género en el que publicó varios libros y obtuvo numerosas distinciones, y la crítica literaria, en la que sobresale su edición anotada de la poesía de César Vallejo. Profundamente influído por la visión cultural del Grupo Orígenes, procuró incorporar elementos muy diversos de la cultura occidental y oriental, y exploró diversos caminos estilísticos y creativos, que abarcan desde las Sagas antiguas y la tradición clásica hispánica hasta la cultura beat. En su poesía influyen también otros géneros literarios, como el cine (un ejemplo es su poema sobre “el nido del cuco", basado en la película de Milos Forman) y la música (Da Capo en un ejemplo hasta en su propio título). Su poesía ha sido traducida a varios idiomas y publicada en libros y revistas. Grabó la lectura de algunos de sus poemas para el Archivo de la Voz de la UNESCO.

























Vedado
 

No mires hacia el cielo, que es vedado. 
No abras tu voz a las vísceras del viento.
No abras tu corazón a los elementos
       combatientes.

No mires a la tierra, que es vedado.
No te inclines a recoger un fruto
ni quieras extender las sábanas del lecho
hasta el horizonte."

Iban a ser altos y felices,
iban a dejar el monte convertido en estatuas,
en estatuas de la dicha,
pero ahí estaba el "es vedado" respirando,
brillando como anuncio luminoso,
como señal de tránsito, de muerte.

Alto. Venid a mí. Estaba soñando y de pronto
despierta, llenando el horizonte,
cae como hojas viejas, se eterniza.
Vedado el jardín donde nadie goza,
donde nadie puede arrancar un fruto y comerlo,
solamente cantar hasta extenuarse,
¿cantar qué, cuando caen los brazos y la voz,
y vuelve a brillar el "es vedado"?

"Es vedado. Es vedado."

Inclinarse hacia el río para ver el rostro.
Alzar los brazos a las estrellas como frutas.
Tocar con una rama la ternura de un
    pájaro dormido.
Encontrar en el río huevecillos y en la
    orilla pequeñas codornices.
Asesinar el sueño, bañarse en el sol.
Reir el sol con toda la dicha.
Dar la respiración como un tesoro a un niño.
Aceptar la existencia del lobo y de la oveja.
Hacer brillar entre dos frentes, como una 
    mariposa, el "te comprendo".
Compartir un corazón, un pan que ha sangrado mucho.
Dar el anciano báculo de la confianza.
Asistir al sereno nacimiento de las 
    estrellas, de los síes, de las espinas, 
    de las espigas, de los siempres.

"¿Es vedado dejar crecer el árbol,
contar los años, los anillos del árbol como 
       monedas? 
¿Es vedado inclinarse a recoger un fruto,
bajo el peso de un fruto,
como una rama, como un anciano? 
¿Es vedado nombrar la alegría de un niño,
traspasar con miradas el umbral del
       horizonte,
abrir el corazón a la estrella, la cabeza
       a la fuente, la mirada
a un montón de cosas renuevas,
       verdecidas?" 

Como un bofetón brutal al que traía un
       juguete entre las manos
y sólo perseguía el brillo anciano de la
       lluvia en la hierba,
vuelve a brillar la interdicción como
       sábanas mordidas
y el corazón pequeño se pierde entre las
       aguas
sin barco de papel, sin gigante bueno,
       sin gigante.

Nadie pudo tocar el acuerdo feliz y
       quedaron los ojos desunidos
porque entre las ruidosas luces de la
       ciudad de nadie
volvió a brillar el "es vedado."
Sobre el nido del cuco

I
En estas tardes medrosas
en que no llama nadie a la puerta
y no suenan los timbres y la casa
es un gran frigorífico lleno de silencio
en estas tardes que gravitan sobre los parques
impidiendo la vida y los juegos
--tardes que pesan como un fardo hiriente
sobre los hombros de la estatua inmóvil—
en medio de esta lluvia que no cae y moja 
los huesos tan desnudos en la ausencia de voces
sin nadie en mi experiencia I think of you Billy
yo ta también pienso en ti Bi Billy
reconstruyendo mis memorias de piedra
tan pesadas como fuente de sangre
y no tengo nada que decirte porque no
     llama nadie
y no hay nadie en mi experiencia.

Quizás jugamos en el mismo parque
un teléfono mudo entre nosotros
un eléctrico hilo que devano temblando
trabajando en la blanca rueca de la
     distancia
la senda en cuyo fin cae una nieve triste
un vuelo de pájaro callado
un empeño de ave que emigra
viste con tierra de Wisconsin mis huesos
     al garete
un telegrama que las aves llevan y entre
     nosotros
no más una vitrina luminosa
que yo atravieso sin romper los vidrios
II
Qué gaviota de azúcar rozó las olas
de aquellos mares de Virginia  
donde viaja la barca de los locos
con todos nosotros Billy con todos nosotros
Dios mío somos nada más unos pendejos
somos unos locos en un barco que gira
y echamos velas y anclas y gobernalle al mar
y echamos a suerte el viento enemigo y
      estamos esperando
esperando a Jaws y Jaws no viene
y no hunde el barco y la ballena blanca 
como una tumba de cristal no viene
Mac Mac Mac Dónde te has metido
me has dejado al timón y yo no sé
gobernar esta nave y te escondiste y te
      escondiste with candies
pero en vez de ocultarte riendo estabas 
      triste
Por qué dime te escondes con tu dulce
luminoso en los labios y nos dejaste solos
por qué hermano
por qué padre nos has dejado solos en esta
      barca de los locos
que no sé gobernar
                   denme el cuaderno
de bitácora que han repasado las sirenas 
con esas manos verdes como nubes
con sus manos de algas y jacintos
Y en el cuaderno de bitácora 
tras la noche estéril sin dulces y sin juegos
tras el juego soñado without candies
sin la estrella de azúcar en la boca 
vacía la piñata de los cielos 
y el garrote tierno en nuestras manos el 
       garrote
con que hemos de golpearnos a ciegas sin 
       dar con la piñata 
poniéndonos el rabo vergonzoso y las
       orejas del indecible burro 
sin dar con la pelota redonda como el
       mundo en el vacío estadio
después del halloween lluvioso y de puertas
       cerradas
(han envenenado los dulces han enterrado
       agujas en las manzanas)
y mudas calabazas sin luz las calabazas
       de ella 
junto a un cuerpo de estrella parpadeante
en el cuaderno en blanco de bitácora
Billy yo escribo rien como el monarca
tras la noche vacía de sus bodas
de Animal Civil, 1987

domingo, 19 de agosto de 2012

VALORACIONES: POESIA Y PROSA. Por Cintio Vitier.

 

Sería totalmente ocioso ejercer frente a este libro el oficio, siempre triste, del cazador de influencias. Las influencias aquí son tan visibles, y en cierto modo ingenuo tan agresivas, que no parece sensato atribuir al autor el ánimo de ocultarlas. Antes bien, lo decisivo para nosotros es el hecho de que, exista o no esa pretensión, nos luce cada vez más impresionantemente influido por su propia voz. Claro que se trata de una voz que ha de salir, para que alguien la escuche por lo menos como señal confusa, de lo vano y cóncavo de una máscara, de un resonador, no de un pecho desahogado y libre; pero esa oquedad y falsía responde sobre todo a la condición y exigencia de lo que debe testificar, que no es un paisaje, ni una soledad, ni siquiera un abismo, sino, rigurosamente, un vacío. Llamamos aquí vacío al reverso humano de la nada, pues en ésta palpita siempre una significación divina, ya sea la nada como pecado (no ser del mal) o la nada como anegamiento del místico en su arrebato de plenitud, o incluso la nada mágica de la extrañeza y angustia del mundo, en que a veces residimos y que no podemos saber a qué alude. Pero sin duda -lo sabemos por su íntima forma interrogante-, alude. Lo propio del vacío, sin embargo, es no aludir a nada, ni, en última instancia, a la nada misma, pero entendida aquí no como Pecado, ni como Inefable, ni como Ser Que No Es, sino en cuanto rigurosa categorización del vacío de un mundo en que las cosas y las criaturas están y nada más sobre una superficie siniestra de trivialidad, armando el espantoso y vacuo disparate que lo absorbe todo. "Un mundo", en fin, "como hecho sin calificativos", viene a decirnos Piñera, quien demuestra siempre una conciencia implacable de su asunto. Por eso, en el momento de la invocación, cuando pudiéramos esperar para nuestra asfixia la apertura del llanto, se cierra así calladamente el anillo: "tenga piedad de nosotros la nada."